Y, ¿quién es Albert Arnold Gore?
Es ese mendigo viejo que está sentado a la puerta del bazaar.
Vaya, pues hay dos.
¿Cómo que hay dos?
Pues, eso, que hay dos, porque ayer, en una importante sala de la capital, un príncipe llamado Albert Arnold Gore hablaba con sus amigos sobre las cosas de las que sabe algo.
Vaya, pues estamos ante el cuento viejo, reviejo de El príncipe y el mendigo, que tanto le gustaba a Zambrano, porque ayer Albert Arnold Gore, el mendigo del bazaar, hablaba con su amiga de lo mismo, de las cosas de las que sabe algo, y decía lo mismo, lo mismo, lo mismo que el otro, que el Albert Arnold Gore, el príncipe; el mendigo le decía a su amiga, mendiga también ella y vieja y que le escuchaba con fervorosa atención; que lo que nos pasa se llama crisis, seguro, que vaya tiempecito tan raro que está haciendo, que la culpa de todo la tiene tu madre que compró aquella hipoteca, que andamos muy mal de pasta, que nadie sabe qué está pasando aquí, que los bancos roban que se matan, que los gobiernos no sirven para nada, que Europa está al caer y que se iba… a Medina, porque allí dan macarrones con tomate.
Oye, y ¿de qué color era el Albert Arnold Gore, el mendigo del bazaar?
Bueno, creo que del mismo color que el Albert Arnold Gore, el príncipe, de un color inestable y cambiante, por lo movedizo, al que llaman rosa tierra tostada; el príncipe lo coge mandándo las pelotas de golf cerquita, cerquita del hoyo, y el mendigo, viéndolas venir. Es allí, en los verdes campos del club El Edén, donde aprenden a decir las mismas cosas de las que hablarán luego a su entregado público. Por si quisieras apuntarte, el prestigioso club está en Nueva Yorka, Estadunilandia (Dessertha).
A estas alturas de la beloga, nos vamos a preguntar por qué uno de los dos Gores no cobra nada por ello. Aún no sabemos a dónde.
Junio 29, 2009 a las 6:57 pm |
[...] se ve es que la cosa no tiene remedio. Como no saben hablar en vasco y no quieren reconocer que hablan en español, acaban eskéiteando en inglo por los jardin-gardens de la villa o city. Y claro, es imposible ver [...]