Un viejo juego llamado Zelda

Octubre 29, 2006

Como todos los últimos sábados de més sin niebla, hemos salido de paseo. Esta vez sólo ha sido para disimular que salíamos de compras. Eso es. Seguimos buscando un juego para jugar en nuestras nuevas PSPs de color oscuro. Así pués, a pesar de los reparos de los más serios, hemos entrado en la tienda y hemos preguntado bien claro, aunque sin subir mucho la voz:

_ Perdone que le molestemos, señorita, ¿tendrían ustedes por casualidad un juego que se llama Zelda? La persona encargada de los juegos se ha reído, como hacía años, según sus posteriores y propias palabras; y nos ha contestado que no lo tenía, porque Zelda es un juego muy viejo. Entonces nos hemos lanzado diciendo:

_ Pero, señorita, el parchis, exempli gratia, también es un juego muy viejo y seguro que tienen ustedes un ejemplar en esa sección de tableros de madera, tabas de carnero y caballos de ajedrez.

_ Ya, así es, nos ha dicho la amable persona sin Zelda, pero es que los juegos informáticos se hacen viejos muy rápido.

_ ¿Cuánto de rápido?

_ Unos tres meses.

_ A,  le han dicho los que leyeron el primer libro que publicó Unai Elorriaga.

Y nos ha contado muchas cosas la persona en cuestión; cosas raras como qué cosa es ahora una saga, y cosas normales como que hay muchas revistas en las que hablan de juegos, dibujantes, sogüer y novedades.

Y ahora estamos de nuevo arriba, con una PSP vacía y miles de revistas de colores con nombre englisio. Las imágenes y los dibujos representan personajes que nunca están, aparentemente, de buen humor, como si alguien les hubiera humillado de manera permanente e imperdonable. Los objetivos de los juegos no quedan nada claros y nadie parece saber nada de Zelda.

Alguien ha recordado que una vez, a mediados del siglo pasado y veinte,  aprendió a hacer chocolate, y, viendo cómo le daba vueltas a la cuchara de madera, se nos ha ido pasando la tarde. Parece que, al fin, va a caer la niebla.


Cuaderno gótico de notas para un tratado rústico acerca de lo bello urbano

Octubre 27, 2006

Hace mucho tiempo que tomamos notas en un cuaderno gótico que hemos guardado en la consola chipppendale que nos han regalado. Tomamos notas y escribimos belogartículos en miniatura acerca de lo feo urbano y de lo bello silvestre.

Hemos escrito muchas notas y, finalmente, le hemos puesto título al cuaderno, que se publicará en breve.  El título que más ha gustado es: Del gótico al hipertexto.

El capítulo más interesante, y el más largo, no tratará exactamente de lo bello, sino que se planteará la posibilidadad de describir, con cierto detalle, lo urbano.

En el hipotético caso de que esto pueda conseguirse antes de la publicación del libro, una beloga en un desván, ¿pertenecería a lo agreste o a lo urbano?

A última hora hemos pensado en añadir un apéndice que hable de lo agreste, lo silvestre y lo salvaje de la navegación por telarañas; pero seguimos sin llegar a un acuerdo.


No le des nada al futuro

Octubre 22, 2006

Carpe diem quam minimum credula postero. Es posible que esta célebre y breve frase signifique algo así como: Aprovecha el día, cuanto menos confíes en lo postrero, mejor. Y es posible que no. Da un poco de miedo, si lo piensas. Si no lo piensas, posiblemente se te pase el día antes de que te des cuenta, y habrás llegado a lo postrero sin apenas disfrutar de nada. En cualquier caso, tú pierdes.

Como estaba lloviendo, nos hemos dicho: Pensemos un rato. Y, pensando, nos hemos tropezado con Horacio. Un hombre que escribió también otra célebre frase, para martirio de estudiantes de Teoría de la Literatura. La escribió en una epístola, que es como se llamaban entonces las belogas, y se la mandó a los pisones. La frase decía así:

Aut prodesse volunt aut delectare poetae, aut simul iucunda et idonea dicere uitae

No sabemos decirte quiénes eran los pisones porque, cuando pensábamos en ir a buscar un diccionario de epístolas, ha dejado de llover, y nos hemos ido a dar un paseo, por aquello de carpe diem y tomar un poco el aire, y ahora ya es demasiado tarde para encontrar diccionarios abiertos; así que, si el tiempo no mejora, buscaremos mañana. Si mejora, no.


Hay días que nos damos de bruces con el infinito

Octubre 21, 2006

Cada vez que nos damos la vuelta, algo en la red ha cambiado o ha crecido o ha sido modificado, nosotros, en cierto modo, salimos ganando; pero ¿de dónde sacar tiempo para atender lo que se tiene entre manos?  

La posibilidad de que alguien lea estas cosas es tan remota, que los antiguos diarios con sus candaditos dorados, escondidos en misteriosos cajones, han quedado, finalmente, dessecretados. Las botellas con mensaje y corcho de los habitantes desesperados de islas pacíficas y desiertas tienen más posibilidades de comunicación que los escritores de belogas interminables.  

Nos sentimos personas privilegiadas por haber llegado a conocer todo esto, aunque sea tarde, aunque sólo sea por encima.    

Bienvenido seas, lector secreto.


Una fheria llamada almoneda

Octubre 19, 2006

En realidad el motivo de escribir este artículo chiquito es probar a ver si somos capaces de dejarte aquí un enlace para que veas la página de la fheria de las almonedas. Si no sabes lo que es una almoneda, es que ha llegado el momento de que vayas a la fheria, es la mejor manera de que te enteres de todo. Si no pudieras ir, no dudes en usar un diccionario de artesanía. La Fheria de muestras de Bilbao sigue teniendo nombre de oveja que bala, pero eso no es ahora importante.

Y aquí la dirección de La Fheria de las Almonedas


El trastero número seis o un homenaje a Chejóv

Octubre 19, 2006

Sólo hay una cosa que sea más fea que una calle peatonal, y eso es un tranvía verde, dijeron los del camarote del lado sur, mientras miraban por la ventana que está justo encima de las columnas que sujetan Littera.
Después cerraron con mucho cuidado un viejo y desgastado cuaderno grande, en cuya portada estaba escrito: Notas para un tratado acerca de lo bello urbano
Si Littera se cae, nos vamos todos al suelo, dijeron los del trastero número séis. Nadie les hizo mucho caso porque estaban todos un poco locos. Los del camarote sur les preguntaron si sabían de qué estaban hechas las columnas que sujetan Littera, pero se marcharon sin contestar.
El absurdo también pertenece a la literatura, dijeron al salir a ver si volvía la ría de una vez.
En Bilbao aún no había amanecido y era el momento de pasear.


Acerca de cómo se unen dos misterios

Octubre 18, 2006

Le hemos dicho a WordPress que le diga a Littera que estamos aquí. Lo hemos hecho por una sóla razón: ver si nos oye alguien. Y si nadie le dice nada a nadie, podremos seguir hablando de lo que veníamos hablando antes de ponernos a conversar con todos estos maravillosos misterios.


Veinticuatro horas después, seguimos aterrados

Octubre 17, 2006

Y todo ello se debe a la incertidumbre. ¿Dónde estamos? No es que la página sea distinta, no; no es sólo eso; es que el Desván ha perdido sus límites domésticos y habitables. Es posible que pienses que no se puede sentir vértigo de lo que es ancho, es posible que creas que el vértigo se siente sólo en las alturas. Pero estás equivocado, lo que ahora se ve desde aquí es esa horizontal infinita que llaman horizonte, y el vértigo de saber que ya no hay dónde esconderse. El Desván es ahora gigantesco. Habrá que ir despacio.


De haber llegado antes, todo aparecería de otra manera

Octubre 16, 2006

Escribir textos y perderlos es más difícil que escribir hipertextos y ver cómo desaparecen. Nada sale bien a la primera, eso dicen los expertos en segundas oportunidades. Y es que hemos perdido un hipertexto cortito en algún lugar de la red. Hablaba de la caja de Pandora y de los saludos. También de los lectores que no hay porque todo el mundo está escribiendo.

Ahora tenemos que irnos. En cuanto sea posible, bajaremos de nuevo del Desván.


Que trata del hecho de que es una pena haber llegado tan tarde

Octubre 16, 2006